|
A través de la historia de la humanidad, se han descubierto numerosos hechos trascendentales que, con frecuencia, han estado precedidos por pequeños detalles y que han pasado desapercibidos: nunca se les dio la menor importancia. Pero siempre en todas las épocas de la vida, surgen personas poseídas de una cualidad imprescindible para la investigación: se trata de practicar con la máxima atención y paciencia el poder de la observación. A esta importante cualidad le sigue un segundo proceso: la teoría, es decir, el estudio meticuloso, estricto y profundo de los hechos observados. Y finalmente, la fase final: lo imprescindible y exigible. Nos referimos, como es lógico, a las pruebas. Sigamos. Perseverar y fortalecer la observación es propio del que está poseído de querer aprender y profundizar hasta intentar alcanzar el objetivo que el investigador científico pensó inicialmente. “No se puede observar sin pensar; es tan peligroso como pensar sin observar” (Ramón y Cajal). Nuestras observaciones siempre han constituido una fuerte base, que nos ha introducido a plantear una hipótesis. La hipótesis es el primer balbuceo de la razón en medio de las tinieblas de lo desconocido. La teoría y el dato objetivo están ligados por estrecha relación etiológica, como aquí pretendemos demostrar. Sin la teoría, es imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo real. Ninguna hipótesis puede plantearse sin el paso previo de la observación. A fuerza de tiempo y atención, hemos podido percibir un rayo de luz en las tinieblas del más abstruso problema. No se debe cejar en el empeño cuando se tiene fe en lo que se piensa y presiente el investigador. No basta con examinar, hay que contemplar. Hemos asumido con emoción, con alegría y total entrega, los fenómenos observados. “Hagá moslos nuestros, tanto por el corazón, como por la inteligencia. Sólo así nos entregarán el secreto” (Ramón y Cajal). En este estudio, hemos procurado plantear una metódica ampliación del campo de lo observado. No hemos dado el siguiente paso sin antes estar convencidos de que el anterior es una realidad. Y así, sucesivamente, hasta el último eslabón de la cadena investigadora. Con este simple y a la vez complicado sistema de investigación, procedemos a efectuar un breve estudio clínico sobre el por qué aparece raramente el cáncer en el corazón, arterias, venas, diafragma, yeyuno e íleon y polo proximal del intestino grueso (ciego). Intentaremos convencer. Resumen Actualmente existen en el mundo no pocos científicos que están dedicados a la investigación sobre el verdadero origen de todo tipo de cáncer, siendo el sistema nervioso la base esencial de sus estudios. Nuestras investigaciones se iniciaron en el año 1966 y, hasta hoy, hemos publicado doce libros sobre hiperqueratosis, papilomas y, principalmente, sobre el cáncer. Consideramos que la patología del sistema nervioso influye decisivamente en la formación de estos tres procesos electroquímicos. En este estudio científico podrá comprobarse que hemos empleado la lógica, entre otros requisitos. Creemos que la lógica es el juez y el árbitro de todas las investigaciones particulares realizadas para levantar el edificio de los conocimientos científicos. Desde que iniciamos nuestra investigación, llevamos por bandera la lógica. Esta debe analizar y averiguar los razonamientos que se utilizan en el ámbito de la ciencia. En la Tabla PeGFer aplicamos la lógica en las observaciones y lo confirmamos con pruebas. No cabe la menor duda de que cada hallazgo sigue una lógica propia, y, por consiguiente, la validez del hallazgo no es determinada por el método, sino por la verificación experimental de su validez. Así pues, debemos considerar a la lógica, y también a la razón, coincidentes con la ciencia; a estos preceptos se ajusta nuestra investigación. En la investigación del cáncer hemos puesto mucha dosis de paciencia; y a la paciencia hemos añadido toda la reflexión que nos ha sido posible. Nuestra investigación es muy personal. En nosotros existe un “yo” en el que esbozamos esquemas mentales innatos que necesariamente conducen a interpretar los datos de una forma determinada. En este estudio, repetimos, podrá observarse claramente que hemos empleado en todo momento la lógica. Esta no construye hipótesis, sino que averigua su consistencia; no inventa, sino que juzga; así pues, consideramos que la lógica es la ciencia de la ciencia misma. Y esta investigación la desarrollamos aportando una serie de conceptos que, uno por uno, desde el primer eslabón hasta el último, tienen entre sí una clara y definida conexión. El primer eslabón de la cadena de investigación que esbozamos, lo constituye una serie de observaciones en clínica. De las observaciones hemos aportado una hipótesis, que nos facilita el segundo eslabón. Y este nos conduce a la explicación de los hechos observados y a la consecución de las pruebas necesarias, que en este estudio científico exponemos. En este resumen preconizamos a la corriente eléctrica de nuestro propio organismo como factor esencial para la formación tumoral. Si la electricidad es el mayor excitante celular, es lógico que la neoplasia aparezca desde que se nace hasta el fin de nuestra existencia. Y este fenómeno, precisamente, es lo que sucede. Consideramos pues a nuestra electricidad como la principal responsable de la formación de todo tipo de cáncer. (Véase “Potenciales eléctricos del músculo intestinal”, pág 29) En este trabajo tratamos de esbozar unos conceptos para que nos proporcionen la suficiente luz, y ver con claridad la realidad de los hechos observados. En esencia, y para definirnos mejor, presentamos este hecho, esta realidad: “con la presencia de nuestra electricidad se puede producir el cáncer; con la ausencia de la electricidad, es muy difícil la formación tumoral”. Aquí tratamos de demostrarlo, aportando pruebas suficientes para darle veracidad a nuestras observaciones efectuadas en la Clínica, y también a la hipótesis que planteamos. Y finalizamos este resumen invitando al lector a que haga una detenida lectura de la “Sección no específica”, que ofrecemos al final del texto. Sinceramente, lo consideramos preceptivo. Gracias, muchas gracias, por haber soportado pacientemente nuestras irrefrenables inquietudes.
|